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PLAZAS Y PARQUES NATURALES...¿EN VÍA DE EXTINCIÓN?



La era de los parques de caucho


Hubo una vez, imagino, en que no existían los parques infantiles. Había árboles, muchos de ellos, vaya, bosques. Había ríos, piedras, rocas, pinaza, flores, animales saltando de árbol en árbol, o volando por encima de ellos…
Hubo una vez, imagino, en que los parques infantiles tenían suelos de tierra y arena. Había toboganes, columpios, sube-baja, y esos arcos escalera con forma de semi círculo que, si os fijáis, han desaparecido de todos los parques.
Hubo un día en que pavimentaron con cemento todos los parques infantiles. El asfalto es más fácil de mantener que el césped, o que la tierra en la que crecen malas hierbas. ¡Y es mucho más limpio que la arena! Todos sabemos lo blancos que quedan los niños rebozados de arena del suelo…
Pero caer sobre el suelo duro o el cemento… duele.
Así que un día aparecieron suelos de caucho en los parques. Y aparecieron como una solución milagrosa. Amortigua los golpes, no crecen malas hierbas, no hay que regalarlo como al césped, los niños no quedan empolvados de arena, ni sucios de tierra…
Parque de caucho
Pero no deja de ser un paso más hacia la industrialización de la infancia y de sus espacios. Llevamos a los niños a jugar a espacios que, pese no ser asfalto, son suelos derivados del petróleo con pocas posibilidades imaginativas y de juego. Al caucho no se le puede añadir un poco de agua como a la tierra, para hacer ricas

¿QUE LES PERMITE EL JUEGO A LOS CHICOS?

“Jugar es la oportunidad de emocionarte sabiendo que es un juego”

Lo afirma Víctor Pavía en el video que completa la conversación con Fundación Arcor. Sostiene que al jugar nos permitimos sentir alegría o miedo porque estamos cuidados por esa situación de juego. Dice además que jugar no es sólo cosa de chicos, “Nosotros también tenemos el derecho a salir del aburrimiento con el juego con otros, incluso la tercera edad”. 

LA SELVA DE LOS LEONES - Cuento


En la otra esquina de mi casa está la selva de los leones. nunca vi un león por ahí, pero yo sé que ésa es la selva de los leones. Cuando salgo con mi mamá a hacer las compras, paso por allí y escucho sus rugidos…También sus pasos entre las ramas.

Unas noches atrás me desperté con muchísimo miedo y llamé a mamá. cuando vino hasta mi cama le pregunté:
-¿Andan los leones de la selva de los leones por acá?
-¡No, nena ¡ Son los gatos de doña catalina, la vecina, que andan buscando novia! DORMITE Tranquila, estoy al lado- Y me dormí como ella dijo.

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Cómo ven los ojos de un niño o una niña aquello que para nosotr@s no existe, o es algo peor...
Mi hermanito se escapó la vez pasada sin permiso a andar en triciclo y me asusté terriblemente… ¿Qué le pasaría si llegaban a verlo los leones de la selva de los leones? …¡Ese chico es terrible y no tiene miedo a nada!
Le avisé a mamá y fui a buscarlo de una oreja. ¡Bah! A los gritos, porque si lo quiero agarrar de las orejas se hace el guerrero invencible y me pega…Y yo me defiendo con las uñas y después mamá nos reta a los dos y después viene papá y pone la cara seria y chau todo…

La otra semana mamá me mandó por botones a la mercería que está enfrente de la esquina de la selva de los leones. Entonces me puse los patines y salí rápido hacia allí. si los leones querían correrme, yo tenía cómo escapar. Por suerte, parece que estaban durmiendo, porque nada me sucedió. 
Mamá quedó contenta con el mandado que le hice. Como me porto bien, prometió traerme un regalo cuando fuera al centro.

Anteayer le conté a mi maestra que vivo cerca de la selva de los leones. el tema le interesó mucho y me

“LA LITERATURA INFANTIL Y LA CREATIVIDAD EN EL NIÑO”

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Por Mercedes Falconi
Voy a hablar sobre la creatividad infantil. Enfocaré brevemente tres áreas: 

  • Cuando los niños escuchan
  • Cuando los niños escriben 
  • Cuando los niños pintan. 
Antes de teorizar conceptualmente, me permitiré incluir unos ejemplos. Empezaré con una anécdota inigualable que prácticamente, de entrada, explica casi todo cuanto yo deseo decir. Es muy bella. 
Cuenta el escritor uruguayo Eduardo Galeano, que en uno de sus recorridos por el Cuzco se encontró rodeado, de pronto, por un enjambre de niños que le exigían, a grito pelado, que les dibujara cosas en sus manitas cuarteadas de mugre y frío: había quien quería un cóndor o una serpiente, otros preferían loritos o lechuzas, y no faltaban los que pedían un fantasma o un dragón. En medio del alboroto, el más pequeño de todos, le mostró un reloj dibujado con tinta negra en su muñeca: -Me lo mandó un tío mío, que vive en Lima- le dijo. -¿Y anda bien?- indagó Galeano. -Se atrasa un poco -reconoció el niño.


Entre la fantasía y la realidad
La tradicional oposición entre fantasía y realidad, en la que la realidad significa lo que existe y la fantasía lo que no existe, carece de sentido. Para un niño, a la hora del juego, es tan real un reloj dibujado en su muñeca, un palo de escoba convertido en caballo, o un dragón que se come los malos sueños, como tomar la sopa o ir a la escuela. Pero no tan divertido, evidentemente. Cuando el niño escucha o lee cuentos, no solamente es el ser que habitualmente es, sino también es el ser hechizo del cuento. El niño cree en los personajes, en su itinerario. Vive sus aventuras y experiencias. Comparte sus fracasos y victorias. Sabe que es ficción lo que está en los cuentos. El niño no confunde la fantasía con la realidad. Cree en ambas por igual. Pero subrayo: no las confunde. No olvida el ser habitual, diario que es: con o sin desayuno escolar, con o sin televisión. No lo olvida. Pero a ese ser se suma el otro, el que sale de

TODO TIENE UN FINAL

Terminan las clases, terminan los talleres de arte y las actividades deportivas de los chicos, y abundan las muestras, actos de cierre, clases abiertas y fiestas por doquier. ¿Qué representan estos ritos de cierre? ¿Son importantes para los chicos, para los docentes o para los padres? ¿Cuánto hay de marketing y cuánto de efectiva recuperación de contenidos?
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Por Gabriela Baby
Si uno tiene hijos en edad escolar, por estos días estará comprometido de alguna manera con los actos de fin de curso. Tal vez sea sólo como espectador, pero también puede haberle tocado el rol de vestuarista, actor o bailarín. Si, además, el niño en cuestión concurre a talleres de arte o alguna actividad deportiva, deberá asistir también a las fiestas de cierre de cada una de ellas. Para quienes tienen más de un hijo, los eventos se duplican (a menos que tenga la suerte de que los chicos compartan institución o actividades). En definitiva, la agenda de diciembre es como un complejo Tetris en el que hay que encastrar festejos, eventos y clases abiertas. Casi sin respiro.

“El año pasado, durante la segunda semana de diciembre, tuve fiestas escolares todos los días: actos de cierre en la escuela de Malena y el jardín de Joaquín, un encuentro de padres y alumnos del colegio donde terminaba primer año mi hijo mayor, y luego, dos jornadas de arte de los más chicos y dos clases abiertas de natación. Casi me pido vacaciones en el trabajo para poder asistir a tanto evento”, dice entre divertida y trágica Lorena Martínez, madre de tres chicos muy activos en diferentes niveles de escolaridad.

Detrás de esta agitada agenda de fin de año, muchos adultos suelen perder de vista el por qué y el para qué de tanta jornada compartida. Lorena sigue haciendo su descargo: “No me pedí las vacaciones, pero necesité permisos de mi jefe y favores de algunos compañeros. Terminé algo cansada, y con una sensación extraña. Porque en algún caso sentí que con las demostraciones -no todas, pero sí alguna de ellas- el objetivo era venderme una gran fiesta, una súper producción de las maestras, para que yo comprara el mismo establecimiento el año siguiente”, reflexiona Martínez, mientras se prepara para emprender la misma gira –mágica y misteriosa- por nuevas fiestas y eventos, con el aliciente de que sus hijos menores ahora van a la misma escuela.
todotieneunfinal3.jpgLa pregunta que cabe en esta época del año es, ¿para qué sirven las fiestas de fin de curso?, ¿dónde termina la necesidad del cierre y en qué punto se juega la exposición de los establecimientos como productos de una vidriera?

El rol de los padres
Para Gabriela Fairstein, Lic. en Ciencias de la Educación y miembro de la Organización Mundial por la Educación Preescolar (OMEP), “efectivamente hay un exceso de festejo, de moño. Porque, si bien es importante hacer cierres, por una cuestión psicológica para los chicos, la pregunta es por qué esos cierres deben ser con los adultos. Creo que hay algo de marketing en esta invitación a los padres. Pero, al mismo tiempo, desde las instituciones vemos que es muy importante hacer partícipes a los padres, porque juntos estamos educando a sus hijos. Entonces, para los que trabajamos en el jardín, el imperativo de la participación de los adultos también nos cansa, pero creemos en eso: creemos en la importancia de hacer cosas juntos familia y jardín”, subraya Fairstein.

La participación de los padres es una demanda casi constante de las instituciones educativas que se incrementa en muchos casos sobre el fin de año y a la que no todos los adultos responden de la misma manera. “Hay familias que vienen a todos los actos y actividades. Y hay otras que casi no aparecen. Entonces, muchas veces se trata de proponer una oferta amplia y realmente tentadora, para que todos tengan la oportunidad de participar al menos una vez”, señala la especialista.

También en estas fiestas se juega cierta moda o lógica de mercado de la cual es muy difícil marginarse. “Podríamos invitar a los papás en otro momento y dejar el cierre para hacerlo a solas: maestras, directivos y chicos. Podríamos, pero está instituido que al cierre de año se invita a los padres. Entonces, si bien muchos adultos se quejan de que se los invita tantas veces, si no lo hacés, comparan con primos o vecinos, y preguntan. Es decir que se quejan de tantas invitaciones, pero también demandan el circo”.

El ritual
Pero más allá de las abultadas agendas personales y de las tendencias de la escuela actual, la pregunta es: ¿por qué es necesario hacer un cierre?, ¿qué se juega desde lo afectivo y emotivo en la fiesta de fin de curso?
“Los actos de inicio y de cierre son importantes porque marcan una entrada y una salida al sistema escolar”, dice Gabriela Dueñas, psicopedagoga y especialista en infancia y salud mental. “En general, se le da más importancia a los actos de inicio porque si padres y maestros logran que en ese momento de entrada el chico esté contento, se sienta bien recibido y seguro, tienen una batalla ganada: va a ir a la escuela con alegría, al menos al comienzo. A fin de año, en cambio, se torna un poco tedioso el acto escolar, al menos para los adultos. Sin embargo, es muy importante acompañar a los chicos en el cierre de la etapa porque, como sucede con los cumpleaños, el cierre es momento de revisión, de lectura completa del año transcurrido. Y al igual que los cumpleaños tienen la alegría del festejo y cierta melancolía vinculada con la evaluación de lo recorrido. Acompañarlos es una manera de legitimar, de valorizar lo que ese chico estuvo haciendo a lo largo del año”, explica Dueñas.

Como se trata de un balance –aunque sea simbólico- no puede ser una fiesta sin contenido. Sino que, muy por el contrario, la fiesta de cierre del año debería tener ideas bien jugosas. Así, al menos, lo señala la psicopedagoga Dueñas. “Es tarea de los maestros y directivos trabajar de alguna manera el repaso, la memoria de la actividad pedagógica realizada durante el año. Volver a transitar lo que se pudo trabajar durante el año en torno a esos objetivos que tienen que ver con determinados valores que comparten escuela y familia”.

La muestra
Por el objeto de trabajo que las organiza, las escuelas de arte –plástica, danza, teatro, circo, etc.- en general trabajan desde varios meses antes con el objetivo implícito de la muestra de fin de año. En Andares, Centro de Trabajo Corporal –donde asisten más de 200 chicos de entre 2 y 16 años-, la muestra de cierre apunta a ser una fiesta sin exigencias desmesuradas.

“La fiesta de fin de año es muy importante porque nos permite trazar una línea para elaborar y rememorar cómo fue el año de trabajo. Siempre lo hacemos a partir de un eje temático, un concepto, entonces toda la escuela trabaja en torno a ese eje. Esto nos permite poder revisar qué cosas se estuvieron trabajando, y también poder encontrar en el espacio imaginario cosas que tengan sentido y que sean significativas para cada grupo”, dice Susana Vaccarini, co-directora de la institución. Este año, desde hace unos meses, cada grupo trabaja en sus clases de danza y de acrobacia a partir de la idea de “los opuestos”. La investigación de cada grupo dará con una síntesis de lo trabajado en el año para que en la muestra los padres –y también los propios chicos- puedan observar todo lo que aprendieron. “En esta síntesis, los chicos toman conciencia de sus logros y también de lo que quieren lograr. De este modo, se cierra el trabajo del año. Para los padres además es un espectáculo: la idea es que disfruten de toda la muestra y no sólo de los cinco minutos en que ven a sus hijos”, señala la responsable de Andares.

Del mismo modo, el acto escolar deberá apuntar a un cierre cuyo sentido incluya a todos los participantes del evento. Así lo expone la psicopedagoga Gabriela Dueñas: “Es importante que adultos y niños se sientan bien recepcionados. No se puede hacer un acto interesante sólo para los grandes o atractivo sólo para los chicos. Tiene que proponerse una actividad o una actuación que en algún momento toque afectivamente a cada uno de los presentes”. Gran desafío para los organizadores.
Gimena Fuentes, madre de Micaela (4) y de Gastón (7) señala: “el año pasado me tocó actuar de tomate en la fiesta de cierre del jardín de Micaela. Estuvo muy divertido y fue muy emocionante para los chicos ver a los padres actuar. Luego, en la escuela primaria, tuve que asistir a un sketch de las maestras que hacían chistes sobre ellas mismas: ¡no entendí nada!”.

Ni excesivamente formal y solemne, ni tan divertido que se torne un disparate. Dueñas aporta algo de su experiencia como psicopedagoga escolar: “He participado de encuentros de fin de curso en donde los abuelos eran convocados para contar cuentos y juegos de su niñez. También he escuchado a muchos maestros decir discursos realmente sentidos. También vale que los chicos canten o que los padres actúen. Me parece que mientras el adulto no pierda el lugar de adulto, y no haga cosas ridículas es muy valioso que actúe para sus hijos. Lo importante de estos actos de cierre es movilizar sentimientos, que es lo propio de los rituales. Es interesante, entonces, porque en la forma de organizarlos la escuela muestra su estilo”.

Aprender en el acto
En el barrio de Boedo, la fiesta de cierre del taller de la artista Mirta Satz copa la vereda de su casa-taller. Los chicos que concurren durante todo el año a las clases de plástica y de música preparan una gran muestra que ya es un clásico para los vecinos.
“Comenzamos a preparar la fiesta casi desde el fin de las vacaciones de invierno. Sobre todo la de música: los alumnos comienzan a juntarse para realizar ensambles. Por un lado, pulen con todo detalle los temas que van a mostrar, pero también comienza una etapa riquísima de intercambio y mucho aprendizaje. Por ejemplo, un alumno de canto se junta con otro de guitarra o piano para realizar un tema juntos. Eso requiere adaptación, mirar al otro, escucharse, compartir un sentimiento”, cuenta Mirta Satz en su taller atiborrado de obras de pequeños pintores.

El día elegido, se cruza la calle Inclán con una tarima de vereda a vereda, se tapizan las fachadas de las casas con trabajos de plástica y hay un desfile de músicos y público durante toda la tarde. La parrilla tiene choripanes siempre a punto. Se puede llevar banquito y mate: todos invitados.

“En otra época hacía la fiesta en salones alquilados, pero con el tiempo la gente no entraba. La idea de hacerla en la calle comenzó con la crisis del 2001, cuando todo era sensación de apocalipsis, desesperanza, desconfianza, incertidumbre. Se acercaba la fecha de pensar en la muestra y caminando por el barrio vi unos vecinos sentados en la vereda tomando mate, en camiseta, como antes... y dije: ¡la calle! La calle como lugar de encuentro, como algo que nos pertenece a todos, el ágora de los griegos”, explica Satz.

En el Instituto Sarmiento, cada fin de año se prepara una despedida para los que se van al secundario. “A los alumnos de nuestra escuela les encanta la fiesta de fin de año porque siempre se planteó como la despedida a los chicos de séptimo. Entonces se dedican a ellos los mensajes, los deseos y toda la energía, pensando que alguna vez le tocará a cada uno ser el receptor de ese mismo afecto. Se trata de dar para recibir.”, señala Brenda Szajnman, directora de la escuela primaria dependiente de Sholem Buenos Aires.

Terminar y volver a empezar
Para cada uno de los chicos que participan de un acto de fin de curso o de una muestra hay un momento personal muy importante. Y en este punto se trata de cambiar la perspectiva y mirar desde el chico: el acto escolar, el evento de cierre siempre tiene un momento de estrellato, de pura fama y gloria para ese chico que actúa. Un momento que quizá no olvidará en su vida. ¿O acaso hay alguien que no tenga grabado en la memoria aquel pericón que bailó en la escuela o el día que le pintaron la cara con corcho quemado?

“El acto en su conjunto es un colectivo, pero en el momento en que le toca a ese chico hacer su pequeña participación, ese niño se torna visible ante toda la comunidad. Y ese momento es sumamente significativo, porque se siente valorado, porque todos lo ven. Y es muy importante porque los niños están construyendo su subjetividad y están pendientes de la mirada del otro. La mirada del otro impacta de lleno en esa subjetividad en pleno desarrollo. Entonces, los aplausos y que le digan que estuvo bien será muy importante para él”, apunta Dueñas. 

En la agenda complicada de este fin de año, entonces, bien vale la pena hacerse un rato (o varios) para conocer un poco más a los hijos: saber en qué anduvieron todo este año, compartir con ellos emociones e ideas, alimentar la sensación de comunidad, brindarle ese momento de fama y despedir etapas, maestras, rutinas escolares. Algo de rito, algo de hito en cada evento, para poder seguir con la rueda del tiempo. Para que un ciclo termine y otro vuelva a empezar.
 - Publicado en la revista Planetario 01-12-2010 | Madres y Padres

¿QUE ES EL JUEGO?

La respuesta a esta pregunta parece facil.  Pero con el juego no vale jugar: es un asunto muy serio!!! 

Por medio del juego, el niño explora e interpreta el mundo que le rodea. Mientras juega se conoce a sí mismo y la manera de relacionarse con el entorno. 

Gracias al juego, el niño se expresa y experimenta sin desorganizarse, porque en el juego puede avanzar pausadamente, teniendo el control de la situación. Es algo más  que una actividad trivial, secudaria, un pasatiempo.
Cuando vemos a una niña acunando cariñosamente su muñeca, a otro modelando figuras en plastilina, a un grupo de niños en grupo o a un niño que salta repetidas veces desde el mismo escalón, sabemos que están jugando, pese a que la conducta es muy similar a la realidad "en serio". ¿Cómo sabemos que lo que realizan es un juego?
 
Podríamos decir que el juego es la forma que tiene el niño de conocer el mundo que le rodea y de conocerse a sí mismo, y la manera peculiar que tiene de relacionarse con este mundo. De esta noción se desprende que el juego es un método por excenlencia que poseen los humanos para aprender y conocer. Y digo humanos porque incluye tanto al niño desde que nace y mientras crece como al científico que juega (experimienta) con las variables para descubrir nuevos espacios, ocultos a su conocimiento. Y con el producto de esta actividad, el investigador, experiencias en el futuro, fuera del "laboratorio", en la realidad cotidiana, y fuera de la infancia, en la vida adulta.

     Por tanto, a cualquier edad, el juego es una actividad básica, necesaria e importante, que aporta beneficios y progreso.
    Una de las mejores contestaciones a la pregunta, a mi parecer, la dio un niño de educacion infantil que contesto: -"Jugar es jugar"-. Esa evidencia la manifestaba no solo en la respuesta sino también en lo directo y serio que contestó a la pregunta del adulto; para el niño "jugar" lo iba a ser todo en su vida, sería como la necesidad de comer, el respirar o el dormir.
    
El niño o la niña juegan simplemente porque son niños, ellos crean un mundo imaginario hecho a su medida a través del juego. Mediante el juego, conquista su autonomía adquiere esquemas de conductas prácticas y mentales, que le servirán más tarde para su actividad de estudio y de trabajo y sobre todo para socializarse.

    Jugar es la principal actividad de la infancia. Responde a la necesidad de niños y niñas de mirar, tocar, curiosear, experimentar, descubrir, soñar... Jugar es un impulso.

¿POR QUÉ ES TAN IMPORTANTE JUGAR?

El juego infantil es una conducta espontánea y propia de la infancia. Cuando los niños juegan viven esta actividad como algo muy importante.

jugando piramide1 ¿Por qué es tan importante jugar?
Para ellos es tan serio jugar como para nosotros ir a trabajar.

A través del juego aprenden a descubrir y a experimentar. Interactúan con las personas y los objetos.
Lo importante para ellos es el propio proceso de jugar, no la finalidad del juego.
Da igual acabar el juego, da igual si ha llegado a construir algo, lo importante para ellos es hacerlo, jugar.
Para nuestros peques es una actividad agradable, que les provoca sensación de bienestar.
El juego puede ser diferente para cada peque. Un niño puede jugar con un cochecito a hacerlo rodar, mientras otro lo hace volar, mientras otro lo usa para simular un tren.
El juego va evolucionando con el desarrollo de niño. No son los mismos juegos cuando tienen meses, que cuando tiene 2 años que cuando tienen 4.
¡El material no es indispensable! Dato muy importante en esta sociedad consumista que nos anima a saturar a nuestros peques de juguetes, peluches y más juguetes.  
Es tan perjudicial el exceso de juguetes como un atracón de comida.
Mejor es pocos juguetes y alternarlo con jugar a volar, a saltar, a imitar, a arrastrarse, a mirarse en el espejo, a cocinar, a…
El juego tiene un valor terapéutico. Ayuda a liberar tensiones y a eliminar la energía retenida (como cuando los adultos hacemos algún deporte, o yoga, o salimos a bailar).
A través del juego los niños pueden expresar sus emociones. Este es un gran valor para el buen desarrollo emocional de nuestros peques. Enfadarse con las muñecas, proteger al osito para que no tenga miedo, hacer un túnel para resguardarse de algo, jugar a construir para después destruir, jugar a ser mayor que los peluches, jugar a médicos, etc. Estas actividades las escogen ellos libremente y les ayudan a expresar sus sentimientos y liberarse.

En conclusión: ¡A jugar! Los niños necesitan jugar para crecer sanos y alegres. Jugar en casa, jugar en el parque, jugar en la guardería, jugar en todas partes. Como niños que son es lo único de deben hacer, y además, es su privilegiada manera de aprender.
Por cierto, jugar con tus peques (o con tus alumnos) también es agradable, importante, divertido, creativo, terapéutico y liberador para ti.
 Publicado en edukame.com

20 COSAS QUE PODEMOS APRENDER DE LOS NIÑOS PARA SER MAS CREATIVOS

Si comercializamos productos para niños y tendemos a observarlos para comprender sus gustos, preferencias y demandas, ¿por qué no aprender de ellos?
Lee en menos de cuatro minutos estas 20 cosas que te ayudarán a ser más creativo.

Pasamos el principio de nuestra vida intentando dejar atrás la infancia, ser más responsables, aprender esotéricos conocimientos, madurar, etc. Nos esforzamos en convertirnos en esos adultos responsables e independientes que admiramos… solo para darnos cuenta que hemos perdido por el camino todo aquello que realmente era especial y divertido.

"Un adulto creativo es un niño que ha sobrevivido"

Existen muchísimas cosas que podemos aprender de los niños, de su actitud ante la vida, la forma de enfrentarse a problemas, su decisión… Aún no hemos entendido que realmente no tenemos que esforzarnos en aprender a ser creativos e innovadores, sino que únicamente debemos recordarlo.

1. Pon el corazón en lo que hagas. Da igual, que estés jugando, corriendo o montando un puzzle. En ese momento es lo único importante, así que disfrútalo con todo tu ser, energía y pasión.
2. Sé flexible y adaptable. Da igual que al principio no te salga y te frustres. Al final lo conseguirás, la clave es seguir intentándolo y explorar otras formas diferentes… al final serás capaz.
3. Deja atrás tus prejuicios. Si olvidas tus ideas preconcebidas podrás descubrir que el mundo es mucho más fácil y atractivo, y que está lleno de posibilidades.
4. Tienes que divertirte. Aburrirse es aburrido. Si no te diviertes, es que algo estás haciendo mal. Aunque sea con un palo y una piedra, siempre es posible pasarlo bien. La clave está en tu imaginación.
5. El mundo está lleno de cosas asombrosas. La ilusión por descubrirlas es una de las mejores motivaciones que hay. No hay nada malo en asombrarse y expresar genuina ilusión, sino más bien lo contrario. Es el principio de algo apasionante, así que no tengas miedo de explorar.
6. Compartir es divertido. Aunque jugar sólo está bien, lo mejor es compartir tus juguetes con otros niños. Juntos podemos descubrir más cosas que solos, y además es un proceso más divertido
7. Si te caes, levántate. Aunque te hayas hecho daño y te duela, tras llorar un poco hay que levantarse, y volver a intentarlo. Estar lamentándote hace que te pierdas cosas divertidas. No tengas miedo a equivocarte, es sólo un paso en el camino.
8. No tengas miedo a relacionarte. La vergüenza sólo sirve para no hacer cosas. Conocer a otros como tú, jugar con ellos y pasarlo estupendamente bien vale el esfuerzo.
9. Expresa tus emociones. Tanto si eres absolutamente feliz como si estás triste, déjalo salir. Te sentirás genial, y aprenderás a reconocer y aceptar tus emociones. Si las dejas dentro, acabarás por no ser feliz.

10. Mira las cosas como si fuera la primera vez que las vieras. Tu mente está llena de posibilidades, así que celebra lo extraordinario y elimina tus prejuicios.. lo que te llevará a ser capaz de encontrar nuevas ideas y posibilidades.
11. Sé honesto. La verdad es tu mejor aliada, así que siempre di lo que sientes o piensas. Aunque a veces puede ser duro escucharlo, la gente confiará completamente en ti… así que míralos a los ojos sin pestañear y dilo.
12. Tus límites están en tu mente. No dejes que nadie te diga qué puedes hacer y qué no puedes hacer, las primeras limitaciones están en tu cabeza. Si encuentras barreras, acabarás por encontrar una forma de superarlas… pero si no lo intentas, seguro que no lo conseguirás.
13. Aprender cosas nuevas es genial. Todo conocimiento es una nueva pieza a utilizar al resolver problemas y divertirse, no importa sobre qué sea. Cuantas más cosas sabes, más posibilidades hay.
14. No te preocupes por hacer el ridículo. Es una censura autoimpuesta que sólo sirve para dejar de hacer cosas. Atrévete y olvídate de los demás. Puede que no seas el que mejor baila o pinta, pero sabes divertirte… así que hazlo.
15. Disfruta de cada momento. Da igual si estas en la escuela, en casa o en el parque. Todo es juego y emoción, así que olvídate de las etiquetas (trabajo=aburrido) y encuentra el lado divertido de las cosas.
16. No le hagas mucho caso a los “mayores”. Muchos han olvidado cómo divertirse, así que no te preocupes. En realidad sienten envidia porque les encantaría tirarse en el suelo contigo y ponerse perdidos de pintura.
17. Pregunta lo que no sabes, y si lo necesitas, pide ayuda. Es normal que no lo sepas todo, y la vergüenza a preguntar es una tontería que sólo te hace permanecer ignorante. Si algo no te sale, levanta la cabeza y pide ayuda.  ¿Qué es lo peor que te puede pasar? Que te quedes como estas
18. Busca lo sencillo. No pierdas tiempo en cosas complicadas o inútiles. La clave es eliminar todas aquellas cosas superfluas o que no te interesan de la ecuación, y centrarte en la base.
19. Descansa cuando estés cansado. Si ya no te quedan energías, lo único que vas a conseguir va a ser enfadarte. Busca un sofá cómodo o el regazo de la persona que tengas al lado y da una buena cabezadita. Los problemas se ven mucho más sencillos después.
20. La vida es más fácil de lo que crees. Toda esa obsesión por lo que sucederá en el futuro, o por lo que pasó hace tiempo no sirve de nada. Vive en el ahora, disfruta de cada momento y apóyate en las que personas que te quieren.
Publicado en  juguetesynegocios.com

LA IMPORTANCIA DEL JUEGO CON LOS HIJOS

¿Cuánto jugamos con nuestros hijos? 
No, no se trata de juegos de mesa, ni siquiera de saltar o corretear. Se trata de ejercer un placer compartido, sin agenda ni propósitos explícitos.
Sabemos que el juego es una actividad en la cual los padres debemos estar involucrados con los hijos por diferentes razones psicológicas y físicas, pero ¿qué pasa cuando uno no le nace esta actividad?
¿Hay diferencias entre papás y mamás en ese sentido? Pues parece que sí. Resolver algunas de estas inquietudesy otras variables son analizadas en la siguiente entrevista del Dr. Roberto Lerner



Para saber más acerca de este tema y otros, entra a: http://blogs.educared.org/espaciodecrianza/

"MAMÁ, NOS DEJARON SIN RECREO"

La ignorancia y la violencia que existe detrás de una práctica que quita a los niños lo que más
necesitan: el descanso intelectual, para poder seguir con el trabajo que se les pide.
Resulta cada vez más frecuente en padres y docentes confundir la acción de instruir con genuina
educación.
Los ámbitos y roles que persiguen fines educativos han profundizado sus técnicas y prácticas
para instruir cada vez más y en disciplinas más variadas pero, aún demuestran no poseer
conocimiento, actitudes y metodologías para Educar en valores humanos elevados.
Sé que esta afirmación puede incomodar a muchos que, con la mejor intención, realizan su tarea
lo mejor que saben pero me permito compartir esto, no con el fin de enjuiciar, sino con la
intención de reflexionar, aprender y mejorar.
Me gustaría recordar que el origen más profundo de la palabra educar es “dar a luz”. La
verdadera educación se da cuando con las acciones, experiencias significativas, palabras, gestos,
estímulos, presencia; logramos que el Ser reconozca, manifieste y exprese su naturaleza; que no
es otra cosa que Amor en el estado más puro.
Para poder lograr esto, es necesario aprender a escuchar nuestro interior, reconocer su
naturaleza, sus necesidades más profundas e incorporar formas de relación interpersonal que nos
ayuden a respetarla y potenciarla.
Aprender a escuchar nuestro interior, conocer nuestra naturaleza y respetarla es lo que luego nos
permitirá reconocer nuestros dones y capacidades para poder instrumentarlos y ponerlos al
servicio de la comunidad a la que pertenecemos. Este proceso es la base para lograr la
autosatisfacción personal y, de este modo, compartir nuestra plenitud y felicidad con el entorno.
Es una práctica muy frecuente en los ámbitos y roles que persiguen el propósito de “educar”,
usar recursos que, lejos de conseguir esto, generan en los niños actitudes que luego el mismo
sistema padece.
Una de esas prácticas es dejar a los niños sin descanso, sin recreo, buscando con esto que los
mismos obedezcan más las consignas de: permanecer más concentrados, más atentos, más
quietos, más callados, más pasivos, más receptivos y más obedientes frente a las órdenes del
afuera.
Las preguntas que me hago habitualmente frente a esta realidad son: ¿Los docentes y directivos
que utilizan y defienden esta modalidad, serán del todo concientes de las conductas que están
entrenado en los niños cuando los castigan? ¿Aún creerán que el castigo es un método
educativo? ¿Están en condiciones de reconocer cuáles son los motivos más profundos por los
cuales, a veces resulta una tarea muy difícil de cumplir para un niño lo que ellos piden y cómo
lo piden?
Para niños pequeños, estar en actividad intelectual por períodos largos que, a veces alcanzan las
dos o tres horas, es una meta que les exige no escuchar su naturaleza, su interior y sus
necesidades más profundas.
La exigencia es tan alta y tan deshumanizada que parece que, a la hora de diseñar los sistemas,
elegir la metodología y los recursos educativos, nos hemos olvidado que un niño es, antes que
nada, un niño y que; en sus primeros años de vida tiene mucha más predominancia de energía
impulsiva que capacidad para permanecer callado, sentado, escuchando y desarrollando su
capacidad mental como podría hacerlo un adolescente.
El impulso vital y la innata curiosidad de un niño es la principal materia prima para descubrir,
apropiarse y conocer el mundo; sólo que él, puede hacerlo con mayor fluidez, placer, alegría y
facilidad a partir de la exploración activa, haciendo, creando, armando, desarmando,
inventando, construyendo, diseñando, cuestionando, probando, jugando, etc. Tener información
o desarrollar habilidades intelectuales no es sinónimo de aprender a aprender. Esta cultura ha
sobredimensionado y sobrevalorado la formación intelectual imponiendo a los niños ir en contra
de su naturaleza y, a partir de esto, generamos desarmonías y maltrato.
Frente a esta realidad, los niños responden buscando recuperar la armonía perdida y lo hacen
como pueden. Algunos con actitudes de rebeldía, otros cuestionando la autoridad por la falta de
confianza que le genera el adulto que tiene la tarea de cuidar y guiar, otros rechazando el
aprendizaje, otros con desmotivación y apatía y, cuando esto no alcanza para ser
ESCUCHADOS, empiezan a presentar desequilibrios físicos y más tarde estados emocionales
graves que van desde la tristeza aguda hasta el deseo de no vivir.
Cuando un sistema está diseñado faltando el respeto a la naturaleza más profunda de un niño,
este sistema lastima, independientemente de la meta que persiga. Genera desarmonía porque su
forma contiene implícitamente altísimos grados de VIOLENCIA ESTRUCTURAL. Me toca a
diario escuchar la otra cara de la moneda, la que expresan los niños en el consultorio, voces de
impotencia, cansancio, enojo y furia, ganas de no vivir, desmotivación generalizada, apatía,
depresión, tristeza y cada vez, a más corta edad. Y avanzada la adolescencia buscan silenciar
este dolor y este estado interior con el alcohol, las drogas, el sexo o la exigencia de ser “los
mejores en aquello que elijan”.
Los niños piden a gritos que dejemos de maltratarlos exigiéndoles antes de tiempo acomodarse a un sistema de vida por demás estructurado que los obliga a incorporar recursos que sólo son funcionales a un sistema capitalista cada vez más deshumanizado que lastima a grandes y chicos y que, para sostenerlo, el Hombre está pagando costos muy altos (pérdida del disfrute por lo que se hace, pérdida de sentido, anestesia emocional, adicciones a estimulantes, antidepresivos, drogas que posibiliten conciliar el sueño, etc.).
Dejar a un niño sin recreo no es otra cosa que usar un método de castigo aceptado por gran parte de la sociedad que busca silenciar su voz. Un niño que está diciendo como puede y como le sale (distracción, risas, un movimiento, o una reacción impulsiva): “Ya no puedo seguir haciendo lo que me piden” y esto debe ser escuchado, primero por las madres y luego por la sociedad. Si no nos atrevemos a escucharlos y a decodificar lo que nos están queriendo decir, no pidamos luego que ellos nos escuchen y respeten porque, sólo obtiene respeto aquel que es capaz de ganarlo genuinamente porque ha aprendido a respetar; de lo contrario, sólo obtendremos de ellos sumisión, sometimiento y cuando no aguanten más rebeldía y furia. Los castigos sirven para sostener la cultura del miedo que está muy lejos de educar para la libertad y el amor que como Hombres nos merecemos y necesitamos. Esta vez nos toca a los adultos ponernos límites y aprender a diseñar formas de vida y educación que cuiden más nuestra naturaleza amorosa, aprender a cuestionar la corriente y decir que NO a muchas de las exigencias que esta sociedad impone. Los niños con su sensibilidad pueden ayudarnos, sólo debemos animarnos a abrir el corazón, salir de la soberbia y dejarnos empapar de su sabiduría emocional que es mucho más que conocimiento.
Por Carina Tacconi
 
Publicado en El portal educativo