EL JUEGO EN LA EDAD ESCOLAR: EL RECREO

El Recreo y la mirada del maestro: El recreo ofrece un ámbito en el que los niños construyen abierta, espontánea y libremente reglas de juego. Suele ser un lugar en el que pueden vincularse con libertad, alternar con niños de otros grados, compartir actividades. En síntesis, descansar, jugar, diseñar y proponer sus propias reglas. Pero el recreo se sucede en el ámbito escolar y, por lo tanto, debiera adoptar las reglas propias de ese ámbito. ¿Acaso puede, un sitio que se configura en la escuela, no ser educativo? Entendemos el juego como un derecho de la niñez. Se trata de uno de los derechos acordes con las necesidades infantiles. El juego en la infancia permite y facilita los procesos de socialización. Para algunos teóricos se trata de la creación de un espacio que se ofrece como intermediación entre el yo del sujeto y su mundo exterior. Supone utilizar una energía que no ha podido canalizar. También permite compensar los aspectos traumáticos del mundo externo, simbolizándolos, y favorece el compartir o diferenciar roles, cuestiones trascendente para el desarrollo. Son numerosos los psicólogos que desde diferentes posturas han analizado su sentido en la infancia, su carácter evolutivo y su valor: Jean Piaget, Henry Wallon, L. Vigotsky, D. Winnicot, S. Freud entre muchos otros. En segundo lugar, los maestros entienden que este es un espacio excepcional en tanto sus intervenciones son debidas a las actuaciones espontáneas de los niños y, por lo tanto, las suyas también lo son. En esas interacciones espontáneas se podrán reconocer las dificultades de los niños y las niñas para conformar grupos, integrarse en alguna actividad, liderarla o simplemente conversar con otra u otro niño sin que sea una tarea indicada por el o la docente. El conocer las dificultades permite actuar para resolverlas o intervenir para hacer alguna propuesta que logre resolver el conflicto. En algunas oportunidades quedarse sin recreo es la manera de sancionar dificultades, errores o problemas en el salón de clase. La pérdida del recreo se transforma en el castigo o el modo con el que se pretende lograr una mejor conducta o actuación. Lamentablemente, este tipo de sanción no suele mejorar la conducta o los aprendizajes de los niños sino que, por el contrario, éstos las reciben como castigo inmerecido. En estos espacios de juego a los maestros les cabe el cuidado, la participación adulta para ayudar, la organización si encuentran grupos que tienen dificultad momentánea en la tarea o la provocación y el estímulo para diseñar actividades placenteras, de descanso, de entretenimiento, también solidarias y de ayuda.

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