LOS JUGUETES DE MI INFANCIA - Década de 1970




A lo mejor se hace dificil para un chico, hoy, imaginar un mundo sin pantallas ni teclas, donde la diversión ya viene precocida, y solo hay que sentarse frente a la computadora, o a la Play Station, y allá ocupar el rol deseado. Pero no es mi intención sembrar antinomias o disyuntivas, todas un tanto incomprobables. Pero me doy cuenta que nosotros eramos felices con muy pocas cosas, y que tal vez hoy ante la abundancia de propuestas y objetos al alcance, les cuesta a los chicos imaginar o procurar cosas diferentes, ganados por la pereza o la abulia hipnótica de apretar botoncitos en forma mas o menos veloz. Y están muy lejos de emprender con juguetes caseros y artesanales. Cuando niño viví la revoluciónn que causó el material plástico, en lo que respecta a los juguetes.

Antes eran de lata, madera o plomo. ( "La gente de un siglo que inventó el plástico es capaz de cualquier otra atrocidad" me repetía,siempre exagerando, un cura amigo: Andrés Dixit ).

Arranco a partir de aquellos primeros autitos de material "irrompible". Venían fabricados en colores metalizados: verde, bordó, celeste o plateado directamente.

Valiant I
Valiant I (ilustración del autor)


Y solo había para optar dos modelos: el Valiant I, y el Peugeot 403. Que a nuestros ojos lucían maravillosos, y que adquiríamos con el propósito, no de coleccionarlos, sino de darles un fin utilitario a nuestros propósitos: "Prepararlos para correr", claro !. En mi barrio, hubo un comercio llamado "El Mundo Plástico", del señor Chiche García (que no se había inspirado en la canción de Rubén Blades), que tuvo el ingenio de vender los autitos con " inscripciones en su carrocería", tal cómo las que llevaban los legendarios T.C. Bueno, yo me compré un Valiant plateado, al que procedí a "operar de inmediato" para darle peso (ya que el vehículo que era super liviano), claro. La "operación" consistía en abrir con una gillette o un cortante el baúl o el capot, para llenarlo de masilla, o tuercas, o con ambas cosas; o como otros que conseguían plomo que derretían y lo mandaban en lingotes hacia el interior. Luego se cerraba la abertura con cinta.
 Otro aspecto importante para evitar los vuelcos era cambiar el eje delantero, por un largo eje de alambre, al que las rueditas originales, se las reemplazábamos por las tapitas de los líquidos de la inyecciones, que en esa época eran de goma, y se le ponían tres o cuatro de cada lado.
Un paso mas exquisito de "la ingeniería", consistía en que el eje pasase por un tubo de bronce, de una lapicera birome ya seca, así el relleno no trababa el libre circular del eje de "la máquina de competición". Imagínense el tiempo que nos llevaba preparar nuestro auto. Además de otros detalles, tales como un vistoso "parabichos" como los que llevaban sobre el capot, la Coloradita de Bordeu, o La Negrita de Rubén Roux (que en realidad todos los T.C. los habían adoptado) y que nosotros copiábamos para estar a la moda.
Recién depués de ese largo proceso (que por cierto nos ocupaba el tiempo suficiente como para que no conociéramos el aburrimiento) llegaba el preciado momento de las CARRERAS, propiamente dichas!.
Peugeot 403
Peugeot 403 (ilustración del autor)



Como cada pibe del barrio tenía su autito, organizábamos las competencias, generalmente las veredas, que en esos años eran muy amplias, y con gran parte de tierra regada. Arrancaban desde una esquina y cada competidor iba impulsando por turnos el suyo. El que llegaba mas lejos volvía a empujarlo primero, y luego los que seguían atrás..., y así sucesivamente. Cada bólido medía mas o menos 13 cm. por 6 cm, y si bien había que hacerlo rodar con fuerza, debíamos evitar que volcasen, pues, en ese caso el competidor volvía al punto desde donde lo había lanzado la última vez.  Hbía veces que se salían las rueditas o el relleno, por lo que había que "trabajar rápido", para no detener demasiado la competencia. Los grandes premios se hacían dando toda la vuelta a la manzana, y a veces poníamos una monedita cada uno, y entre todos comprábamos un autito "0 km." como premio para el ganador que llegaba primero a la meta, generalmente la esquina de la otra cuadra.Las veredas de "La Blanqueada"o las del monte de Marabello, amplias y con la sombra de los inmensos plátanos, era el escenario ideal para desarrollar ese juego.
Pero, claro, había mucho más a lo que elegíamos jugar!...
Las figuritas constituían otro singular atractivo. Un día cualquiera, a la entrada o a la salida de la escuela, aparecía un "auto misterioso" que traía aquellos preciados paquetes y álbumes que nos regalaban y otras veces se los entregaban a las maestras para que ellas las distribuyeran de manera más equitativa. A partir de allí, nos arrancaba de inmediato el entusiasmo por esa nueva colección de figuritas!. Nunca podré olvidarme la alegría que me producía el contacto con aquellos paquetitos y su fragancia a tinta y a nuevo que tenían. La marca mas conocida era "Starosta", aunque había muchas mas, "Crack", "Ídolos", etc. Generalmente el tema que me apasionaba era el futbolístico. Estaban las figus redondas, y también las rectangulares o "estampitas". El ingenio de los fabricantes era notable, siempre nos sorprendían con alguna novedad, por ejemplo cuando hicieron  unas muy grandes con las siluetas de los jugadores y con su contorno troquelado, que se armaban y nos permitían inventar una suerte de metegol casero sobre la mesa, con un botoncito haciendo las veces de pelota. Recuerdo las de Roma, Marzolini, Amadeo Carrizo con su gorra; ademásde las de algunos corredores de T.C. y algunos autos.
Ni que hablar de "la caja" llena de paquetes!! La ilusión que nos generaba... Había chicos más pudientes a los que les compraban una caja entera; y los que no teníamos esa suerte, lejos de envidiarlos, nos conformaba con saber que ellos simplemente "tenían mas figuritas y más para cambiarnos". A las figuritas las íbamos pegando en el álbum, con engrudo o con plasticola, y el premio para el que lo llenaba era una PELOTA DE CUERO!. Claro que, con el correr del tiempo sabíamos que había una o varias "figuritas difíciles", que eran prácticamente imposibles de conseguir. Recuerdo siempre una vez que, solo me faltaba Restivo, un jugador de Gimnasia. Esa vez, al comprar un paquete vi una figurita redonda, que no tenía la cara de ningún jugador, y tenía una leyenda que decía: "VALE POR UNA PELOTA DE CUERO Nº 5. Canjearla en el distribuidor". UH!!! Que tremenda alegría. Ese impensado golpe de buena suerte, fue uno de los momentos mas recordados de mi infancia.
Los pilones de figuritas repetidas las cambiábamos, con otros chicos,  aunque nuestro instinto lúdico o la ambición de tener más, nos llevaba a jugarlas en algunos de los dos juegos con figuritas más populares: "El Espejito" y "El arrime-tapada" ( también conocido como "La remitapada" ). El Espejito consistía en apoyar una o varias figuritas redondas "paradas" contra la pared, y por turnos  tirarlas con otra redonda intentando derribar "el espejito"; el que lo lograba se llevaba todas las que habían sido arrojadas con resultado fallido. La técnica consistía en sostenerla con el índice que hacía de tope, y se la golpeaba con el pulgar de la misma mano. Los mas inexpertos sostenían la figurita con una mano, y la impulsaban con el mayor de la otra.
El "Arrime-Tapada" era mas sencillo y no contaba tanto la habilidad sino la suerte. Se apoyaba la figurita contra la pared, y se la soltaba al suelo, y cuando tapaba a alguna otra, de las que ya estaban en el suelo, ganaba, llevándose como premio todas las que habían sido arrojadas sin éxito. A veces se originaban discusiones, pues era duro perder unas cuantas figuritas, pero claro, normalmente ahí nomás, a continuación había revancha.
Algún fabricante ingenioso que pensó en las niñas, inventó las figuritas "con brillito", que eran motivos mas románticos, rociadas con "brillantinas" y otras tenían una felpita. Eran princesitas, animalitos, flores u otros personajes conocidos por las chicas, como "Caperucita Roja" o "Blancanieves". Las formas también eran distintas de las de los varones, pues todas venían con troqueles diferentes acordes a cada motivo.
Viéndolo a la distancia, este tipo de juegos, eran para nosotros,una suerte de estímulo que fomentaba la curiosidad, la destreza manual y la inquietud por conseguir aquello que no teníamos, sin la necesidad de tener que comprarlo.
Claro, que no había tiempo para aburrirse, pues además "había" que jugar a la pelota, o armarse de ramas para salir a "cazar mariposas" durante el día o a llenar frascos con bichitos de luz por la noches;  que por miles circulaban por las calles regadas de la infancia (nosotros las habremos extinguido)

      Por Haroldo Ruquet 2009 - para la revista "LaManuelaMolina"

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