CIENCIA QUE LADRA...

La Nación presenta una colección de libros de divulgación científica para entender temas de interés general sin caer en el aburrimiento
Una que sepamos todosQuién dijo que no puede ser divertido aprender la teoría de la evolución, el ADN y hasta matemática? Con una dosis perfecta que mezcla ciencia y ficción, los científicos del siglo XXI se propusieron romper con el mito y demostrar que leer interminables y aburridísimas enciclopedias o encerrarse en los laboratorios no son las únicas maneras de entender la ciencia.
¿Cómo lograr hamacarse más rápido en una plaza? ¿Cómo hace un rockero para tirarse a la pileta desde un noveno piso? ¿La pelota dobla en la altura? ¿Se puede levantar una persona soplando por una pajita? ¿Cómo hacer el mejor huevo frito? Son sólo algunas de las preguntas de interés general que necesitan de especialistas para poder ser explicadas de manera adecuada. Es así que La Nacion acaba de lanzar Ciencia que ladra..., una colección de libros escritos por científicos que piensan que es inútil que sus descubrimientos y saberes no salgan de las cuatro paredes de un laboratorio y por eso se animan a compartirlo.
Temas que a primera vista parecerían no tener relación alguna con la ciencia sorprenden al lector al demostrar la estrecha relación que poseen. Tal es el caso de El cocinero científico, en donde los autores, Diego Golombek y Pablo Schwarzbaum, acuden a su conocimiento y explican a través de átomos, moléculas y reacciones químicas que la cocina es un arte y también una ciencia. Por eso, se someten al desafío de revelar cuáles son los secretos del almacenamiento de alimentos, de las frituras, de un buen batido de claras a nieve, entre otros.
El jugador científico, escrito por Ariel Arbiser, también logró captar la atracción de una gran cantidad de lectores extrañados por la estrecha relación que existe entre la ciencia y algunos juegos de azar, como la lotería, la ruleta y el black jack. El libro explica, por ejemplo, que la probabilidad de recibir una escalera real servida es de 0,0000153908 y que para ganar el loto uno debería estar apostando durante cien mil años.
Es así que la colección Ciencia que ladra... ofrece a través de relatos originales con personajes reales e imaginarios y de una manera entretenida -pero siempre manteniendo el rigor y la precisión que los temas ameritan- explicar no sólo las grandes teorías, sino cosas cotidiana que inquietan a muchos, pero son difíciles de comprender.
¡Qué porquería las hormonas!, de Juan Carlos Calvo explica, que nuestro organismo funciona como una oficina de correo interno: el jefe le da órdenes al subjefe y éste se los transmite a los empleados. Así, el autor se las ingenia para explicarnos cómo las glándulas endocrinas -los jefes y los empleados- mandan mensajes de hormonas por la sangre con buenas y malas noticias.
Este estilo de escritura, exento de tecnicismos y con recursos literarios, hacen más entretenida la lectura. Es por eso que la colección está destinada a un público amplio, que tiene interés por dar un paso más y ver que hay detrás de las cosas.
Publicado en LA NACIÓN Domingo 10 de julio de 2011 |  edición impresa

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